¿Merece la pena invertir en arte? Cómo hacerlo
Imagen generada con IA Cuando se trata de invertir en arte, no es solo comprar o adquirir una obra que nos guste. En el caso de algunos inversores, el arte es algo más y es un activo alternativo a la hora de complementar una cartera tradicional de inversión, mientras se aporta una dimensión patrimonial un tanto distinta. Sin embargo, convertir una compra en una verdadera decisión de inversión necesita de forma previa analizar el mercado con perspectiva, para de esta forma saber más de sus particularidades y asumir que se trata, por lo general, de una inversión de largo plazo y con una liquidez que es limitada.
La pregunta que se plantea entonces no es si merece la pena invertir en arte, sino qué papel puede desempeñar esta acción si la consideramos como parte de una estrategia patrimonial bien diversificada.
Qué significa invertir en arte
El arte puede considerarse un activo alternativo y, en determinadas circunstancias, una reserva de valor. Si se compara con los bonos o las acciones, el valor del arte no depende de los flujos financieros que trae consigo, sino de otros determinantes:
- La calidad y relevancia de la obra (del tipo que sea su expresión)
- La trayectoria del artista
- Si se trata de una obra única
- Su procedencia
- La evolución de la demanda en el mercado.
Estos factores explican también una diferencia fundamental, ya que no es lo mismo invertir en arte que coleccionar arte.
El coleccionismo suele partir de una afinidad personal, estética o cultural: se adquieren obras ya que hay un interés por ellas. En cambio, cuando se suma el arte a una estrategia de inversión entran en juego otros criterios, como son el potencial de revalorización de la obra, la liquidez, los costes asociados y el horizonte temporal de dicha acción patrimonial.
Ambos enfoques pueden ir de la mano. Es más, una de las particularidades del arte como inversión es que combina una dimensión económica con un componente emocional difícil que no se puede encontrar en un producto de inversión más clásico.
Formas de invertir en arte
- La forma más conocida es con la compra de forma directa de las obras, ya sea a través de galerías, casas de subastas, ferias especializadas o en el mercado secundario. Esto hace que se tenga la propiedad física de la obra, además de asumir ciertas responsabilidades asociadas: conservación, almacenamiento, seguro, transporte y documentación.
- Otra idea es usar los fondos especializados y las plataformas de inversión fraccionada, que permiten acceder al mercado del arte sin necesidad de adquirir íntegramente una obra de elevado valor. Su funcionamiento y nivel de riesgo pueden variar considerablemente, por lo que es esencial analizar quién gestiona la inversión, qué activos de arte se seleccionan, cuáles son las comisiones y cómo está previsto el proceso de desinversión.
Para un inversor que se aproxima por primera vez a este mercado de la inversión en arte, establecer relaciones con profesionales de confianza (con galerías de arte, ferias o mercados) puede resultar especialmente útil para comprender mejor todo lo relacionado con los precios, las obras o los artistas.
Ventajas de incluir arte en la cartera
- Una de las principales razones en un tono positivo para considerar el arte dentro de una cartera es la diversificación. Su comportamiento no está necesariamente ligado al de los activos financieros tradicionales y, en determinados periodos, puede presentar una evolución relativamente independiente de los mercados de renta variable o renta fija. No obstante, no debe interpretarse esto como una garantía de protección frente a las caídas de otros activos ni como una relación constante.
- La segunda ventaja es la posible revalorización a largo plazo. Algunas obras y determinados artistas han experimentado incrementos significativos de valor con el paso de los años. Pero estos casos no deben extrapolarse al conjunto del mercado.
Riesgos y costes a tener en cuenta
- El primer riesgo es la iliquidez, ya que una obra de arte no puede venderse necesariamente de forma inmediata a un precio conocido. El arte suele exigir un horizonte de inversión amplio.
- También existen costes que deben incorporarse al análisis desde el principio: custodia, transporte, conservación, seguro, restauración, intermediación y autenticación, entre otros. Todos ellos pueden reducir la rentabilidad efectiva de la inversión.
- A esto se suma la dificultad de valorar un activo cuya apreciación depende en buena medida del mercado y de la percepción de los compradores.
Cómo empezar a invertir en arte con criterio
El primer paso debería ser la formación. Pero esto no quiere decir que haya que convertirse en todo un experto en historia del arte, pero sí tener algunos conocimientos acerca de cómo funciona el mercado, cómo se fijan los precios o qué factores de riesgo no deben olvidarse. Aquí, contar con el asesoramiento de profesionales especializados es clave.
También conviene establecer desde el principio un presupuesto y un porcentaje máximo del patrimonio que se va a destinar a la inversión en arte. Este último es una parte más de una estrategia de inversión más amplia y como tal no es el protagonista de toda la planificación patrimonial en este sentido.
La procedencia y la documentación son de la misma manera claves a tener en cuenta. Antes de adquirir una obra resulta recomendable comprobar su historial de propiedad, certificados de autenticidad, registros, informes de expertos y cualquier documentación que permita acreditar su trazabilidad. No solo hay que fijarse en tendencias o en la reputación del artista.
Los activos alternativos en la estrategia de Banca March
Cuando se plantea una estrategia patrimonial, los activos alternativos pueden contribuir a ampliar las fuentes de diversificación y complementar las inversiones financieras tradicionales. Como recomendamos en Banca March, el arte puede formar parte de esta visión siempre que su incorporación responda a un análisis global del patrimonio, del horizonte temporal y de los objetivos de cada inversor.
Con esta premisa en mente como perspectiva, no se trata de decidir si el arte es mejor o peor que otros activos, sino de determinar qué función puede desempeñar dentro de una cartera diversificada. En este sentido, su naturaleza, su horizonte de inversión y sus costes hacen especialmente importante valorar su peso en relación con el conjunto del patrimonio.
Invertir en arte con criterio significa aplicar a este activo la misma exigencia que a cualquier otra decisión relevante de inversión: conocimiento, planificación, diversificación y perspectiva.
Preguntas frecuentes
¿El arte es una inversión rentable?
Puede serlo a largo plazo, pero no existe una rentabilidad garantizada. Se trata de un activo ilíquido, con costes asociados y una valoración que puede ser subjetiva. Por ello, la selección de las obras y el precio de adquisición son determinantes, y la inversión exige conocimiento y criterio.
¿Cuánto patrimonio debería destinar al arte?
No hay un porcentaje universal. Como regla general, la proporción adecuada dependerá de los objetivos, el horizonte temporal, la liquidez disponible y la tolerancia al riesgo de cada inversor.
¿Necesito ser experto para invertir en arte?
No necesariamente, pero sí es recomendable adquirir unos conocimientos básicos sobre el mercado y contar con asesoramiento especializado cuando sea necesario. Además, antes de comprar una obra conviene verificar cuidadosamente su autenticidad, procedencia, documentación y trazabilidad.